La magia de jugar en la piscina. Dra. Concepc...

Llegaba la primavera cargada de colores encendidos. Pasábamos bruscamente desde los tonos grises del invierno a una gama de multicolores formas y sonidos. Todos parecían muy felices, se sonreían al pasar y se saludaban tras el duro invierno, pero a pesar de que te contagiaban con aquellas actitudes, yo tenía miedo.

Tenía experiencias anteriores de que ésta era una época del año algo complicada para mis pulmones.

Aquí, en las latitudes en donde vivía y en primaveras anteriores, había tenido episodios de tos y asfixia. Este último, había sido un invierno duro en relación con los anteriores, pero al inicio de la primavera todo había cambiado bruscamente. De hecho, mi tío ya lo había vaticinado en sus “cabañuelas”, presagiando un tiempo del “Este” cargado de polvo del desierto cercano, que se colaba por mis bronquios, estimulándolos e irritándolos, por lo que éstos se defendían cerrándose con brusquedad y de ese modo evitar que ese polvo en suspensión penetrara en ellos. Pero a su vez me provocaba una gran dificultad para respirar y una enorme angustia, pues me costaba mucho librarme de aquella opresión.

Hoy, una vez superada mi última crisis respiratoria, me encontraba frente al “Azul”, ese azul marino y profundo de nuestra costa, con olor a musgo y a espuma cargada de aromas.

Mamá me había ido a buscar al colegio al mediodía. Ella se había propuesto, aconsejada por mi pediatra y por mi neumóloga, que eran todas buenas amigas, que este año sería distinto.

Habían decidido entre las tres, que iniciaría tempranamente mis clases de natación.

Publicaciones recientes han creado alarma sobre el riesgo del cloro de las piscinas para los niños. El Dr. Alfred Bernard, profesor de Toxicología de la Universidad Católica de Lovaina comunicó que según sus investigaciones, la natación en piscinas fuertemente cloradas podría ser un factor de riesgo para desarrollar o empeorar el Asma en el niño. En su artículo publica la evaluación de un grupo de niños escolares durante la práctica de la natación en piscinas, para tratar de correlacionar la prevalencia de asma y la hiperreactividad bronquial por ejercicio, con el tiempo dedicado a la natación, encontrando una correlación entre la prevalencia de asma y la práctica de la natación sobre todo en niños pequeños. Concluye que durante la práctica de la natación el niño inhala productos derivados del cloro, que pueden dañar sus bronquios y favorecer por tanto el desarrollo del asma, siendo este hecho más frecuente en niños pequeños y con antecedentes familiares de asma. No obstante, otros autores como Armstrong B y Strachan D (2004) han criticado este trabajo, puesto que desde el punto de vista epidemiológico no se demuestra una asociación clara entre la asistencia a piscinas y el riesgo de asma. Es decir, que aunque Bernard A (2003) llega a esta conclusión en el grupo estudiado, no pueden generalizarse estos resultados.

Es importante conocer la cantidad de cloro residual libre recomendada que oscila entre 0.4-2 mg/l (0.4-2 ppm).

En la actualidad no hay evidencia de que el riesgo de padecer asma aumente por la práctica de la natación en piscinas, teniendo en cuenta que existan adecuados niveles de cloración del agua y de aireación del recinto si éste es cubierto.

Hemos de saber, respecto al ejercicio físico que debe practicar el niño-adolescente, es importante que elija el que más le guste, dado que esto favorecerá una adecuada adherencia al mismo. No obstante, se ha de tener en cuenta que hay determinados ejercicios que son más inductores de asma como por ejemplo el fútbol, baloncesto, atletismo..., sin embargo, otros son más beneficiosos como el tenis, judo y la natación, que en general es poco inductora de asma. De todas formas no se deben adoptar normas universales para todos los niños, debiendo respetar las preferencias individuales de cada uno, orientando tanto al niño como a sus padres a una práctica deportiva que sea satisfactoria y no produzca síntomas de asma en el niño. No obstante, en el caso de que el niño presente síntomas durante la práctica del deporte siempre es posible evitarlos con medidas preventivas, como la realización de un precalentamiento adecuado y llevar a cabo ejercicios a intervalos, evitar el frío, aire seco y el ejercicio durante las exacerbaciones. Por otra parte disponemos también de medicación adecuada para ello como son el Salbutamol, Terbutalina, Beta adrenérgicos de larga duración y Antileucotrienos, entre otros.

Por todo ello, es importante saber que nunca debe privarse al niño asmático de efectuar ejercicio físico, ya que éste le aporta grandes beneficios. Nuestro objetivo es que el niño asmático lleve una vida totalmente normal, incluyendo en ello la práctica de deporte.

 

 

Concepción Oliva Hernández

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